Hachiman es considerado como el dios de los guerreros samurai (no de la guerra) y del tiro con arco dentro de la mitología japonesa aunque curiosamente su origen no se encuentra en los escritos clásicos japoneses, siendo el mito creado tras el fallecimiento del primer emperador Ojín, quien fue ascendido a deidad y rebautizado. Su origen último está en la fusión entre el dios sintoísta de la guerra y las creencias budistas procedentes de China, país en el que es conocido como Gran bodhisattva Hachiman, protector de los devotos del Sutra del Loto.
Las corrientes sintoístas de Japón le consideran además como el dios de la agricultura y el protector de Japón, encargado de mantener la paz, la prosperidad y la felicidad de sus habitantes. La paloma es el animal que le representa y también el que le sirve como mensajero. Durante las batallas se hacían sonar los tambores tradicionales llamados Odaiko y se creía que el espíritu de Hachiman habitaba en el sonido producto de los tambores y el choque de las espadas en la batalla.
Hachimán, cuyo nombre se puede traducir como “Dios de los 8 estandartes” en referencia a los ocho estandartes celestiales que anunciaron y marcaron el nacimiento del primer emperador Ojín, es también protector de las vidas de los hombres y en algunas regiones del país incluso los marineros y pescadores que le veneran como su guía y tutor y a quien rezan en busca de una jornada de pesca fructífera. Otro colectivo que venera a Hachiman es el de los agricultores y campesinos, a quienes protege y tutela.
Tal es su importancia que cuenta con cerca de 25.000 templos erigidos en su nombre dentro de Japón, y no son pocas las ciudades, pueblos y aldeas cuyo nombre hace referencia a Hachiman.
La mitología japonesa cuenta que Izanagi, tras encerrar definitivamente a Izanami en el inframundo, decidió lavar su cara para refrescarse y descansar de los trágicos episodios vividos hasta el momento (el origen de la muerte en la mitología japonesa). En el momento en el que Izanagi estaba relajándose en unas tranquilas aguas termales, al mismo tiempo que intentaba meditar sobre todo lo que había pasado, nacieron tres dioses. Tres de los dioses más importantes dentro de la mitología japonesa. Estos fueron Amaterasu (que nació cuando se secaba el ojo izquierdo),Tsukuyomi (cuando se secaba el ojo derecho) y Susanoo (que nació directamente de su nariz).
Tras este nacimiento inesperado, Izanagi decidió que debería dividir los poderes del mundo entre estos hijos suyos. Así pues, a Amaterasu se le entregó el sol y el cielo, a Tsukuyomi se le hizo entrega de la luna y la noche y a Susanoo el poder sobre los océanos. A pesar de este reparto, cuenta la leyenda que Susanoo no estaba muy contento con el reparto de las habilidades y poderes. Al parecer, esta deidad tenía la fuerte convicción de que era el más listo de todos, el más fuerte, el más capacitado y por tanto el que más poder debería recibir de su padre.
En ese momento Susanoo decidió que se enfrentaría con su hermana, quizá por miedo a presionar a su propio padre. Así pues, sus ataques se centraron en la figura de Amaterasu. Este dios retó a su hermana a un duelo para ver quien era capaz de crear más dioses. Amaterasu aceptó, cogió la espada de Susanoo y la partió en tres trozos de los que nacieron unos cuantos dioses. Susanoo cogió los collares de Amaterasu y creó 5 dioses más. El problema comenzó cuando ambos empezaron a discutir sobre la custodia de estos dioses.
A partir de ese momento Susanno parece perder el juicio. Comienza a realizar una serie de acciones que no harán más que enfadar a su hermana. Arrasa los campos de arroz, llena todos los canales de irrigación de agua y arroja excrementos en los palacios y templos de Amaterasu. A pesar de que la diosa ruega a su hermano que se calme y no haga más destrozos, el dios parece estar en un estado de cólera imparable. La acción que termina con la paciencia de Amaterasu viene originada por el asesinato a manos de Susanoo del caballo celestial. No contento con su muerte corta su cabeza y la lanza al palacio en el que las doncellas de Amaterasu tejían el mundo. Muchas de ellas mueren y Amaterasu decide que esta será la última acción que verá de su hermano.
La diosa se encierra en una oscura cueva dejando sumido al mundo en una absoluta oscuridad. A partir de ese momento la podredumbre se apodera de la tierra, los malos espíritus salen de sus escondites y el caos comienza a reinar.
Para solucionar este problema se reunieron aproximadamente ocho millones de Kami (espíritus de la naturaleza) e idearon un plan para que la diosa saliera de su escondite. Colocaron un espejo en la entrada de su guarida y comenzaron a festejar. No paraban de bailar y danzar haciendo entender a Amaterasu que estaban dando la bienvenida a una nueva deidad. Esto generó bastante curiosidad en la diosa que poco a poco fue saliendo de la cueva. Al ver su reflejo en el espejo quedó completamente encandilada y fascinada. En ese momento los Kami se aprovechan y cierran la cueva tras ella, convenciéndola después de que tenía que volver a alumbrar la tierra.
Dentro de la Mitología de Japón nos encontramos con una serie de dispares criaturas conocidas como Yokai (Yōkai), que se puede traducir como “monstruos” o “apariciones”. Lo más peculiar de estas extrañas apariciones es la gran diferencia entre ellos, y pueden ser inofensivos, enternecedores, aterradores o incluso peligrosos, y cuentan con la ventaja de ser inmunes a cualquier ataque por parte de las personas normales. También tienden a comportarse de manera arrogante con los humanos, y debido a su manera diferente de ver el mundo, lo más probable es que terminemos teniendo problemas si no los evitamos.
Según la tradición, si queremos librarnos de un Yokai deberemos recurrir o a un experto o a un monje que cuente con la bendición de Buda, aunque afortunadamente muchos de ellos habitan en zonas aisladas y evitan todo contacto con las personas. También hay algunos que consiguen convivir con los humanos de manera pacífica, y otros que se relacionan para engendrar seres mitad humano y mitad Yokai, aunque estas relaciones siempre terminan en desgracia.
Las historias de los Yokai suelen ser breves, provienen de diferentes puntos de Japón y se remontan muy atrás en el tiempo, contándose de generación en generación.
Uno de los mejores ejemplos de Yokai inofensivo aunque molesto es Betobeto-san (procedente de Nara), una extraña criatura invisible que camina tras nosotros, haciéndonos escuchar sus pasos en la soledad de la noche. La solución para librarnos de él es detenernos y decir con educación “Betobet-san, pase usted primero”, tras lo cual nos adelantará y nos dejará en paz, de lo contrario nos seguirá hasta que le apetezca.
La otra cara de los Yokai la vemos en Futa-kuchi-onna, o la mujer de las dos bocas, una de las cuales se encuentra en su nuca y bajo su largo pelo.
Se trata de una mujer que ha sido maldecida por no alimentar correctamente a un hijo y lo ha dejado fallecer de hambre, lo que explica que esta segunda boca pida constantemente comida y propine terribles gritos cuando no la consigue. Sus largos cabellos sirven como tentáculos con los que llevarse la comida a la segunda boca. La explicación según la mitología japonesa a esta maldición es que el espíritu del hijo fallecido se instala en el cuerpo de su madre, convirtiéndola así en Yokai.
Edición original: He-Man and the Thudercats
Guión: Rob Davis, lloyd Goldfine.
Dibujo: Freddie E. Williams II.
Entintado:Freddie E. Williams II .
Color: Jeremy Colwell.
Formato: Grapa, 24 páginas.
El pasado 2015 y 2016 han sido los años de los crossovers raros. Green Lantern/Star Trek, Batman/Teenage Mutant Ninja Turtles… los crossovers han sido de una buena calidad, tanto narrativa como gráficamente. Y es que las editoriales se han dedicado a cuidar sus licencias al punto que, por ejemplo, a DC le ha ido mucho mejor en calidad, con las series de Los Picapiedras, o Future Quest y los personajes de Hanna Barbera.
Unir franquicias es algo muy normal en los comics. Ejemplo de ello son los cruces de Batman con Depredador, Superman y los Aliens, Batman y las Totugas Ninja, Terminator y Robocop, la lista es enorme y por lo visto, dada la recurrencia de la fórmula, rentable. Fruto de esta dinámica llega al mercado USA una nueva serie que une dos de las más importantes franquicias de los años ochenta, He-man y los Master del Universo con los Thundercats.Con los cómics de Los Picapiedras, DC tocó una fibra delicada de los que crecieron con las series animadas e hicieron retumbar su nostalgia con seriedad y humor negro.
Los Thundercats empezaron como serie de dibujos animados en el año 1985 y gozaron de cuatro temporadas, con un total de 130 episodios, en la que se nos narraban las aventuras de un grupo de felinos humanoides en las que se mezclaban ciencia ficción, con la espada y brujería. Obligados a huir de su hogar, Thundera, por la inestabilidad del núcleo ferroso, emprenden un viaje hacia un nuevo planeta habitable. Durante la travesía las naves son atacadas por los Mutantes, enemigos declarados de los thunderianos, que destruyen la totalidad de la flota dejando tan solo una sin daños, la Nave Comando, pues saben que en su interior está la Espada del Augurio que en su empuñadura atesora incrustado el Ojo de Thudera, una joya de enorme poder místico. Los mutantes son rechazados por los Thudercats, pero con la nave seriamente dañada acaban varados en lo que ellos vienen a llamar el Tercer Planeta donde se desarrollarían todas las aventuras de la serie en una sucesión de enfrentamientos entre los Thudercats, los Mutantes y un ser momificado de enorme poder que se denominaba a sí mismo, Mumm-Ra. El último episodio fue emitido en 1989 momento en el que ya la serie demostraba tener claros signos de agotamiento.
He-Man y los Masters del Universo tuvieron una vida más efímera ya que tan solo gozaron de dos temporadas, empezando su emisión en 1983 y acabando en 1985. La serie estaba basada en una línea de juguetes de Mattel, destinada a un público infantil masculino de entre 6 y 10 años. Sin embargo, su éxito fue capaz de traspasar el género y fascinó por igual a los niños y niñas, incluso adolescentes, de la época.
La serie transcurría en el planeta Eternia, donde el príncipe Adam es el custodio de la poderosa Espada del Poder que le permite transformarse en un poderoso guerrero protector del Castillo de Grayskull, fuente de su poder. Skeletor, su mayor enemigo, obsesionado por someter a todo el universo, ansia poder conquistar la fortaleza que le dotara del poder necesario para llevar a cabo sus maléficos planes de dominación.
Dos premisas muy diferentes, con numerosos puntos en común, que triunfaron en la década de los ochenta y cuyas franquicias se niegan a morir. No en vano ambas series tuvieron nuevas incursiones en TV y siguen apareciendo en otros medios, tal y como podemos ver en el número que nos atañe.
Este primer número sirve de presentación clásica de personajes, enemigos y trama para futuras entregas, por lo que poco se puede vislumbrar tras su lectura. El guion corre a cargo de Rob Davis y Lloyd Goldfine, que plantean una puesta en escena sin florituras, simple y de manual. No hay nada que haga destacar a este ejemplar por encima de otro cómic, salvo que se nos muestra el tablero de juego en el que van a desarrollarse las siguientes tramas. Davis y Goldfine nos presentan una excusa que permite llevar al Tercer Planeta y Eternia al mismo universo y a partir de ahí conocer a los enemigos, a los héroes y cortar la acción con un cliffhanger poco inspirado. Davis, que ya ha trabajo antes con He-Man, debería haber sido capaz de dar más de si mismo con dos franquicias tan sólidas, tan unidas al la nostalgia del aficionado maduro de 35 años que difícilmente podrá ver a los héroes de su infancia en este primer número.
Regresando al comic este crossovers nos presente una historia muy simple; los espíritus malignos, esos que siempre invocaba Mun-Ra, están aburridos de ver como sus planes de gobernar el Tercer Planeta siempre son impedidos por Leon-O y la Espada del Augurio, por lo que le proponen a Mun-Ra robar una espada igual de poderosa, la Espada del Poder de He-Man y con ella destruir a los felinos cósmicos. En lo que solo puedo entender como una incursión a lo Secret Wars de Jonathan Hickman, el Tercer Planeta y Eternia emprenden trayectoria de colisión una con otra, conectando las realidades y los mundos. Así, Eternia empieza a destruirse y Mun-Ra roba la Espada del Poder de manos de un Principe Adam bastante inocente por no decir lento para reaccionar. Los Thundercats intentan proteger su guarida mientras Jabba los pone al tanto de la situación.
El cómic funciona con un narrador central que explica situaciones y tiene conocimiento de mucha información.
El dibujo es a ratos incoherente pero en general bastante agradable de leer y de muy buena calidad. Los colores están degradados y nunca están marcados por lo que le da una tonalidad ligera a un guion bastante brusco.
Las peleas y las transformaciones, sobre todo la de Mun-Ra destacan en diseño, dibujo y distribución por página, dándoles el protagonismo que merecen en el momento crucial. En ese sentido, el equipo creativo si logró mantener esa estética similar y la esencia de aventuras míticas que guardaban las dos series.
No se puede decir que sea un cómic malo, pero tampoco es bueno, es un cómic que cumple por seguir a rajatabla las normas clásicas de un número uno. Se hubiera agradecido algo más de innovación a la hora de plasmar esta fusión de mundos en la que tan solo podemos ver una pincelada dada con regla y cartabón. No hay tiempo más que para conocer muy por encima a los principales protagonistas, dejar ver un instante a algunos de los secundarios y marcar el objetivo que será el motor de la acción en posteriores números. Tal vez el motivo sea que estamos frete a personajes con mucho rodaje ya muy introducidos en el imaginario cultural, pero resulta difícil creer que los niños, niñas y preadolescentes de hoy tengan conocimiento de causa de quien son estos personajes y se hubiera agradecido algo más de caracterización.
El número está ilustrado profusamente por Freddie E. Williams II, que con su estilo se aleja mucho de la imagen que se pueda tener de estos personajes en la serie animada, añadiendo un toque crepuscular al conjunto que lo aleja de las edulcoradas series de los años ochenta y lo inserta de lleno en el siglo XXI.
Escribir un comic de una serie es algo muy delicado. En lo personal aunque creo que no sea lo mejor que hemos visto de un comic, puede decirse que la historia es interesante y a pesar de su dibujo tan diferente va a traer muchas nostalgias a los mas veteranos.