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El nekomata es una criatura mitológica japonesa que se cree que evoluciona de los gatos domésticos. Se creÃa que cuando un gato llegaba a una cierta cantidad de años de vida, su rabo empezarÃa a dividirse lentamente en dos, a la vez que desarrollarÃa poderes mágicos, principalmente aquellos relacionados con la nigromancia y chamanismo. Gesticulando con sus rabos o con sus patas delanteras (ya que caminarÃa erguido), los nekomata animarÃan y controlarÃan a los muertos. Los nekomatas, en entornos salvajes, se alimentarÃan de carroña proveniente de cuerpos muertos. No todos los gatos se convierten en nekomatas, sino que deben producirse ciertas situaciones, generalmente relacionadas con la alimentación del gato, como beber sangre humana, alimentarse de un cadáver humano o de una serpiente.

Aunque el comportamiento de los nekomatas se suele comparar al de los gatos comunes, solÃan tener contÃnuas trifulcas, especialmente los gatos viejos y maltratados que eran normalmente más poderosos que el nekomata medio. Para vengarse, esos nekomatas controlaban a los familiares muertos de los maltratadores, persiguiéndolos hasta que fueran compensados con comida, disculpas y atención.

Por último, algunas historias del folklore japonés afirmaban que el nekomata podÃa alternar entre su forma original y otra apariencia humana. Aun asÃ, al contrario que la más común nekomusume (mujer-gata), los nekomata hembra aparentaban ser más viejas, mostrar malos hábitos en público y tener siempre un halo de terror alrededor de ellas, que si estaba en contacto con la gente durante un largo perÃodo podrÃa causar enfermedad y peste.

Las primeras referencias a la figura de los nekomata se remontan al perÃodo Kamakura (1192-1333) donde con ese nombre se denomina a un gato demonÃaco que devora a los humanos y adopta su fisonomÃa. Los tres cuentos de este tipo de gato por excelencia son el gato de Okazaki, el gato de Arima y el gato de Nabeshima.

No todos los nekomata son malvados; en algunas historias son leales y amables con sus propietarios. Una de ellas es la historia de Tama, un nekomata cuyo propietario era un sacerdote muy pobre que vivÃa en un ruinoso templo en Setagaya, al oeste de Tokio. El sacerdote le dijo a Tama: Te he cuidado a pesar de mi pobreza, ¿no podrÃas hacer algo por este templo?. Un dÃa Naotaka, el señor del distrito de Hikone, se puso debajo de un árbol debajo del templo para evitar mojarse con la lluvia. Naotaka se dio cuenta de que habÃa un gato que maullaba delante de la puerta del templo, llamándole. Mientras se dirigÃa hacia él, un rayo cayó sobre el árbol. Después del incidente, Naotaka se hizo amigo del sacerdote del templo, lo convirtió en el templo de su familia y donó grandes cantidades de dinero para repararlo. Cuando el gato Tama murió, el sacerdote le construyó una tumba, y finalmente sobre él se construyó un santuario sobre ella.





